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El día había empezado y tres figuras se acercaron hacia las
tiendas de campaña que estaban frente al Santuario de huesos, empezaron a golpear hacia el
interior de una tienda y un joven abrió los ojos.
Andras observó a 3 hombres que lo golpeaban sin motivo
alguno, llevaban ropajes sucios y roídos pero con los colores reconocibles de
los Hijos de la palabra, algo que hizo provocarle más miedo.
-¡Tú, despierta escoria! -dijo uno de ellos mientras le
propinaba la última patada.
-¿Sabes quiénes somos?-dijo otro que lo miraba como si fuese
una pequeña alimaña.-¿Quieres unirte a los Hijos de la palabra?-terminó.
-¿…yo?-titubeo Andras sin entender la situación.
-Si, no hay más gente en esta pocilga, necesitamos unos
brazos en nuestra banda, si quieres unirte síguenos.-sentencio bruscamente uno
de ellos mientras se giraban y se iban tranquilamente hacia el santuario.
El joven se levantó, cogió rápidamente su pequeña bolsa con
sus cosas y se acercó al grupo mientras entraban en el destartalado
templo. Los cuatro hombres cruzaron las distintas cámaras del lugar en
dirección a la sala de reuniones donde la banda se juntaba.
Por el camino Andras observó como había sangre seca en el
suelo en varias salas, una de esas salas tenía a dos hombres tumbados en
camastros. La imagen era bastante impresionante, uno de ellos tenía la cabeza
abierta y le habían puesto un vendaje aparatoso por toda la cabeza como si
estuviera muerto.
***
Pasaron las horas, el joven novato estuvo siendo instruido
en los valores de la banda, como si de una ceremonia o ritual se tratara, todo
con incienso y humo en la sala. Había unos ropajes en la mesa de reuniones que
le otorgaron después de bendecirlo en repetidas ocasiones.
Después del ritual, el joven se dirigió hacia el mercado con tres nuevos
compañeros de banda, todos vestidos iguales, algo que le empezó a hacerle que se sintiera bien, poderoso. No era consciente del peligro que 4 miembros de
una banda se adentraran en un mercado abarrotado de miradas, cualquier pelea o
emboscada organizada podría terminar con su vida en un callejón sucio y oscuro.
Llegaron a un puesto llamado “El chatarrero de las armas”,
el cual tenía todo tipo de armas pero en mal estado, se podían ver restos de
grasa y suciedad en cada una de ellas, en algunas armas blancas había hasta
restos de sangre sin limpiar… Se notaba que era el lugar donde las bandas
entregaban sus alijos después de una buena pelea.
-Chico elije un arma que te venga bien.-dijo Samael al
novato.
El joven con dudas señalo un rifle automático y todos
empezaron a reírse a carcajadas, lo miraron fijamente y triaron unos créditos
encima del mostrador.
-este es el presupuesto chatarrero.- dijo Belial mientras
caían 10 créditos cerca de las zarpas del sucio chatarrero.
Al final Andras salió del lugar con dos pequeñas pistolas,
eran viejas y sucias, pero el ya no se sentía insignificante: pertenecía a una
banda, tenía la bendición del emperador y poseía dos armas para quitarle la
vida a quien se pusiera en su camino.
Las dudas le empezaron a llegar a la cabeza cuando paso de
la euforia a los pasos que había dado en ese mismo día para convertirse de un simple
religioso que rezaba en un santuario destinado al emperador a miembro de una
banda, en la cual debería cometer crímenes…
Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://labuhardillafriki.blogspot.com/2026/06/necromunda-historia-de-andras.html
