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No se podía distinguir el día de la noche entre las ruinas
de la ciudad colmena, el submundo de Necromunda no era más que una tumba de
millones de personas que retrasaban su final. Las luces parpadeaban en lo alto y
unos gritos despertaron a Samael.
Uno de los miembros de su banda había llegado al campamento
de los Hijos de la palabra para advertir de que una banda rival había llegado a
su nuevo territorio. El líder se puso en pie enérgicamente y cogió su enorme hacha
para lanzar unas ordenes al aire, todo el mundo reacciono rápido, había mucha
rabia contenida contra los enemigos del Dios-Emperador.
Tras organizar el campamento un pequeño grupo siguió al guardián
de la palabra hacia la ubicación donde estaba la banda contraria, ahí estaba
Sariel. Como siempre esperando tranquilamente, agazapado observando a sus
rivales.
-Son Goliaths…-dijo mientras mascaba algo que le ensuciaba
aún más las encías, algún tipo de carne seca-pero creo que no saben dónde están,
así que podemos utilizar el factor sorpresa, maestro.-sentencio e hizo una
reverencia.
Samael después de asentir se adelantó y empezó a hacer
gestos a todos sus hombres, cada uno empezó a rectar y corretear sigilosamente,
el plan era simple: aprovechar la sorpresa y la superioridad numérica para
emboscar a esos cabeza huecas con brazos enormes.
Lo que no sabían era que los Goliaths ya sabían a donde iban
y estaban alerta, pronto empezaría el conflicto…y así fue, una vez que todos
los Cawdor se posicionaron empezaron los disparos. Sariel erró el primer
disparo y alertó a todos los Goliaths que andaban desperdigados entre las
ruinas.
Pronto cayó el primer Goliath, los Cawdor habían avanzado
por su espalda y empezaron a asaltar al grupo por dos lados para que se
rompiera su referencia; los disparos de pistolas, gritos y algún asalto en la
lejanía empezó a resonar entre los muros destruidos de la antigua ciudad. El
olor de la sangre y los gritos de algún herido resonaban abovedadamente, mientras los que estaban de pie tenían claro cómo actuar.
Los disparos de los Goliath eran brutales, arrancaban del
suelo a los Cawdor que acertaban y estos caían mal heridos al suelo, pronto la
superioridad numérica fue menguando, la vida dio paso a la muerte en un festín caótico
de ruidos, gritos y golpes. Las pocas luces hacían que fuese todo más frenético
y enloquecedor.
Samael fue herido y perdió el conocimiento, apareció por detrás
suyo un miembro de su banda, seguramente era Ramiel que lo agarró para sacarlo de ahí; la situación se ponía tensa y debían replegarse para que no fuese el fin de los
Hijos de la palabra. La cuenta atrás comenzó cuando el líder Goliath hundió su
hacha en el pecho de Azrael, sin su peto habría sido partido por la mitad, el fanático
no se levantaba después del impacto, mientras que el hombre gigante lo
aplastaba con su pie y disparaba a otros rivales.
Jeremias que había conseguido abatir a dos Goliaths antes de
ver caer a su compañero Uriel miró a su alrededor y no quedaba nadie de sus
hermanos cerca. Había cuerpos por el suelo, pero nada se movía, la estúpida
idea que tuvo de mear el tótem que marcaba la frontera de la otra banda solo sirvió
para que dejara abandonado a Belial y este fuese golpeado brutalmente hasta
perder el conocimiento; se lamentaba mientras no sabía qué hacer.
Cuando Jeremias decidió huir, se dio la vuelta y una sombra
enorme lo tapó, junto a esa última visión recibió un puñetazo brutal en la
cabeza que lo derribo, quedo sin sentido en el suelo, mientras que la sangre le
goteaba poco a poco por la nariz. La inconsciencia le duró un rato largo, cuando
despertó, no quedaba nadie de pie, solo hermanos suyos caídos, todos habían
sido saqueados y vejados: los habían orinado y escupido junto a sus símbolos sagrados.
Los Hijos de la palabra habían sido brutalmente golpeados, habían
perdido seguramente influencia, el territorio que compartían con los Goliath ya
no tenía sentido frecuentarlo si podían matarlos la próxima vez; los
pensamientos que le vinieron a Jeremias fueron tristes, no tenía tanta fe como
antes. Buscó entre las ruinas a su hermano Belial y lo recogió, estaba herido
pero seguía vivo, pudieron volver hacia el campamento cojeando y magullados.
Cuando llegaron a la base de los Cawdor se dieron cuenta de
la situación, había muchos heridos y quedaban pocos guerreros de una sola
pieza, hasta el gran Ezequiel que era temido en su banda por su destreza en
combate cuerpo a cuerpo había sido herido por una bala en el hombro. El suelo
se encontraba lleno de vendas, sangre seca y restos de ropa, no había un
matasanos en el grupo, pero se hizo lo que se pudo con torniquetes
improvisados.
El fanático lo vio claro, recuperó su fe; se recuperarían y volverían
fuertes para que no les volviera a suceder esto, no podían perder más combates
y menos ser apalizados como niños. La rabia le contenía mientras apretaba los
nudillos, se le había olvidado el dolor del golpe recibido, estaba deseando
tener otra oportunidad para luchar y demostrar que los Hijos de la palabra no
eran una banda decadente, eran el futuro de la colmena.
Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://labuhardillafriki.blogspot.com/2026/06/necromunda-el-dia-de-las-reliquias.html





