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[Trasfondo] Esto empieza

2022-12-03T10:00:00+01:00

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    ¡Buenos días! Hace unos días tuvimos por aquí un poquito de trasfondo druchii, y esta semana toma el testigo otro de los relatos del torneo de Panzerhammer enfocado en sus primeros menos leales. Pero la verdad es que el enfoque que le ha dado Davids es bastante guay, así que os dejo directamente con sus palabras.

Arthalon estaba inquieto, no le gustaba alejarse de Ulthuan. Ni siquiera por
petición de un viejo amigo… Teclis llegó a la isla hacía apenas dos semanas
desde su partida al Viejo Mundo con Arthon, su hijo. El vórtice se estaba
desestabilizando, y la labor del archimago era buscar el origen o la solución. 

– Reúne a tus tropas, debes partir de Ulthuan de inmediato… 

Esas fueron las únicas palabras de Teclis antes de desfallecer a las puertas de
su hogar. Una nota manuscrita le daba a Arthalon las indicaciones del lugar de
desembarco, junto con una breve «descripción» del motivo: Un centro de poder
se acababa de manifestar, las otras razas ya se estaban poniendo en marcha
para investigar. Ese misterio NO DEBÍA caer en malas manos. 

Elgurn se acercó al príncipe y posó una mano en su hombro. 

– No me gusta viajar, y menos con tan poca información de lo que nos vamos a
encontrar. – dijo el príncipe al mago. 

– Vais bien pertrechado mi señor. Tenéis valerosos hombres a vuestro servicio,
nos tenéis a Miranya y a mí, y por supuesto, le tenéis a él… 

Como respuesta a esa alusión, un ensordecedor rugido surgió de entre las
nubes. Enraithil descendió de los cielos, rodeó el barco y volvió a ascender.
Siempre vigilante, el anciano dragón testigo de La Secesión nunca bajaba la
guardia. 

-Voy bien pertrechado… – En verdad, en compañía de sus hombres, sus dos
hechiceros más capaces y su fiel compañero escamoso no tenía de qué
preocuparse. Ésta no sería su primera batalla, la de ninguno de los escogidos
para la travesía. Tenían una misión que cumplir. Un nuevo rugido, con una
cadencia conocida, puso fin a los pensamientos del elfo ya que era el modo que
el dragón empleaba para informar a Arthalon de que su viaje por mar había
terminado. 

Cuando divisaron los acantilados que custodiaban la bahía indicada por Teclis,
una figura a lomos de un corcel alado les esperaba. El sol reflejaba en la máscara
dorada que cubría su rostro.
Ya habían terminado el desembarco cuando el desconocido se acercó y
permaneció a una distancia prudencial con la mano izquierda alzada, como
esperando a ser invitado. 

– ¿Quién sois, y qué queréis de nosotros? – Quiso saber Arthalon acercándose
cautamente al desconocido. 

– Saludos Lord Arthalon, vuestra llegada me había sido notificada por un amigo
en común. Me llamo Balthasar Ghelt, Patriarca Supremo. – ¿El mismo Patriarca
Supremo? ¿Qué estaba sucediendo en ese lugar? 

– Sed pues bienvenido a nuestro campamento, hablemos de qué os ha hecho
salir a nuestro encuentro. 

– No hay tiempo, seguid el camino que sale al norte de esta playa, a dos días de
camino llegaréis a un poblado donde hemos instalado un puesto militar
avanzado. Lo que os trae aquí ha atraído también las miradas de fuerzas del
Caos y la destrucción, y a otros enemigos de quien aún no conocemos las
intenciones que motivan sus movimientos… Las razas leales al Orden debemos
unir fuerzas o nos veremos arrastrados por una senda que puede desembocar
en el Fin de los Tiempos. Necesitamos vuestra ayuda, la ayuda de los Asur, junto
con la de los enanos, hombres, y unos aliados que vienen desde la lejana Lustria.
Por favor, no os retraséis, el tiempo corre en nuestra contra. Allí os informaré a
todos juntos de la situación. 

Sabia Lileath… Gracias por guiar a Teclis por esta tierra… El Fin de los Tiempos,
la profecía del fin del mundo conocido. La situación del vórtice era peor de la que
se suponía en la Corte del Rey Fénix… Y al parecer recaía sobre Arthalon la
responsabilidad de que la situación no llevase al mundo al desastre. Balthasar le
había hablado de aliados de razas inferiores, este hecho casi abrumaba más que
aliviaba, ya que las otras razas eran poco útiles en el mejor de los casos, y un
importante estorbo en el peor. Casi estaba tentado de ignorar las indicaciones
hacia ese puesto avanzado y ponerse en marcha cuanto antes en la búsqueda
del centro de poder, pero Teclis había avisado al Patriarca Supremo para que
los recibiera, y eso no era algo que Arthalon fuera a pasar por alto. 

Al amanecer del segundo día de marcha la comitiva divisó el campamento militar,
y el despliegue era bastante aceptable. Las diversas zonas estaban bien
organizadas, y el príncipe pudo distinguir varios grupos de humanos de los dos
reinos que esa raza controlaba. Un heraldo se acercó a caballo subiendo con
paso ligero la loma que comunicaba el pueblo con los elfos. 

– Mi señor, hemos preparado dependencias para usted y sus hombres y…
bestias. – Enraithil gruñó y fijó la vista en el heraldo que retrocedió con expresión
aterrada. 

– Si esta noble criatura vuelve a escuchar, aunque sea en vuestros
pensamientos, que os referís a él como “bestia”, lo único que encontrarán los
vuestros serán cenizas en el suelo que antes ocupaban vuestros pies. 

– ¡Mis más humildes disculpas! No pretendía ofender a su magnífico dragón. Por
favor, sed tan amables de seguirme para que pueda acomodarlos. También debo
informaros de que se espera que esta tarde lleguen los últimos comandantes, el
Patriarca Supremo les convoca a vos y al resto de líderes a una reunión en su
tienda al anochecer. 

– Muy bien, os seguimos heraldo. 

Arthalon llegó al lugar de reunión con las últimas luces del ocaso. Varios líderes
humanos estaban presentes, pero contuvo el aliento cuando sus ojos se
detuvieron en dos grupos distintos… A la derecha de los humanos se encontraba
una comitiva de saurios de Lustria, el viaje que habían hecho esos guerreros era
considerable. A la izquierda, levantando poco más de la altura de su pecho
estaban varios señores enanos, apartados del resto, y mirando con recelo hacia
él. Enanos… se fiaba de ellos lo mismo que de un sucio skaven. Ya podía ser
importante lo que Balthasar les contase, o su convivencia en esa zona iba a durar
muy poco. 

El mago imperial apareció de entre el resto de hombres allí reunidos y se dirigió
a todos con voz firme.

 – Compañeros, estamos aquí porque en vuestros hogares os han advertido de
un peligro incipiente… Los vientos de la magia circulan alterados, las tormentas
del norte se vuelven más violentas, y recientemente, un altar ha aparecido a
pocos kilómetros de aquí. No sabemos lo que significa, ni lo que implica para el
Viejo Mundo, pero nuestros exploradores han alertado de movimientos
enemigos: Parece que hasta la última raza que habita este continente ha enviado
una comitiva hacia aquí. Hasta el momento conocemos la ubicación de varias
manadas de bestias caóticas, demonios y servidores del caos, pielesverdes,
ogros e incluso druchii. Además, varios cementerios cercanos se han visto
vaciados de sus silenciosos habitantes, por lo que podemos suponer que
también hay nigromantes cerca. – Varios rumores surgieron de los distintos
grupos, si esta información era verídica, esta era una situación sin duda delicada. 

– ¿A cuánto tiempo de aquí se encuentran estos enemigos? – Inquirió un enano.-
Salid a su encuentro y acabad con ellos uno a uno. El Imperio debe estar en un
mal momento si requieren la colaboración de nuestro pueblo y el suyo…- Y el
dedo del interlocutor señaló a Arthalon. 

– Cuidado barbudo… No he provocado a nadie, no tratéis de empezar un nuevo
conflicto sin ningún motivo. 

– Calma caballeros – Interrumpió Balthazar. – Nuestros enemigos esta vez son
comunes a todos los presentes, semejante despliegue militar hostil no se ha visto
en la memoria de los hombres de esta tierra. Si alguno se hiciera con el altar, las
consecuencias serían catastróficas, y todos nosotros compartiríamos un triste
destino… 

– Sí, ya hemos oído hablar de ese cuento del Fin de los Tiempos… Historias para
asustar a débiles y cobardes. 

– No sssubestimesss los poderesss arcanossss enano – Un pequeño eslizón se
adelantó interpelando al enano. – Ni la másss profunda cueva puede
resguardaros de la tormenta del caosss que sssse puede desssatar… 

– ¿Resguardarnos? ¿Crees que nosotros somos unos cobardes? 

– Cobardesss no… pero sssí bassstante ignorantessss… 

– Repite eso lagarto y te parto el cráneo – Escupió el enano echando mano a su
hacha. 

– No llegaríasss a caminar tressss passosss – El eslizón retiró la capa que lo
cubría y movió las garras dejando ver destellos relampagueantes entre ellas.
De pronto, un soldado apareció ante todos los presentes. 

– ¡Patriarca! ¡Milord! Nuestro grupo de exploradores de la zona sur acaba de
llegar, su líder ha insistido en que os de esto de inmediato. 

Balthasar recogió la misiva, leyó y de pronto su expresión se ensombreció… 

– Caballeros, uno de nuestros ejércitos que venía hacia aquí ha desaparecido.
Se han encontrado rastros tanto de una tribu de bestias como de skaven, parece
que han actuado de forma combinada. Esta “alianza” es nueva, y no una buena
noticia precisamente. Parece que ha sido a unos 10 km al sur de aquí. Están
más cerca de lo que pensábamos. 

– ¡Alarma!¡Alarma! ¡Antorchas en el bosque! – La voz del vigilante llegó hasta los
comandantes. 

– ¿Esperamos más tropas Patriarca? 

– No Arthalon… estos visitantes no creo que vengan con buenas intenciones.
Caballeros, les recomiendo ir de inmediato a preparar a sus tropas, puede que
nuestros aceros se vean desnudos el amanecer. 

Cada comandante estaba ya con sus tropas, todo el campamento se estaba
preparando para lo que pudiera pasar. 

– ¡Alarma! ¡Enemigos tras la colina! ¡Enemigos tras la…! – La voz del explorador
a caballo que bajaba por la ladera que había llevado a los elfos hasta ahí quedó
silenciada por una flecha negra, de un estilo que Arthalon conocía
perfectamente… Druchii. Sus soldados también se dieron cuenta. Al instante, un
jinete oscuro surgió sobre la cima de la colina. Casi al mismo tiempo, más
antorchas se vislumbraron al norte. 

Arthalon miró tras de sí a sus tropas. Estaban listos, concentrados. Los arqueros
tensaban sus arcos, los soldados enarbolaban sus armas, y los jinetes
terminaban de comprobar las correas de sus monturas. 

En el resto de áreas del campamento el panorama era el mismo. Humanos,
enanos, saurios y elfos se preparaban para una batalla hombro con hombro sin
siquiera haberse puesto de acuerdo. La necesidad se había impuesto pues se
hallaban rodeados por incontables antorchas que iluminaban el horizonte por
todos los frentes. 

– Esto empieza…- pensó el príncipe, y Enraithil lanzó un bramido que silenció el
campo en el que se encontraban. Como respuesta, segundos más tarde los
aliados de los elfos imitaron al dragón. Por primera vez en esta era, una alianza
del Orden se había forjado por un objetivo común, y esa noche era algo tan
sencillo como sobrevivir.



Comandantes

  • Príncipe élfico en dragón, con armadura pesada, arma a dos manos, escudo, Llama del Fénix y Yelmo del Destino, 510 puntos

Héroes

  • Mago de nivel 1 con Honor Puro de Corazón y Pergamino de Dispersión, 115 puntos
  • Mago de nivel 1 con Cristal de las Annuli, 135 puntos

Básicas

  • 10 arqueros, 120 puntos
  • 5 yelmos plateados con armadura pesada, escudo y músico, 122 puntos
  • 5 yelmos plateados con armadura pesada, escudo y músico, 122 puntos

Especiales

  • Carro de Tiranoc, 85 puntos
  • 5 guardianes de Ellyrion con lanza y músico, 97 puntos
  • 11 maestros de la espada de Hoeth con grupo de mando completo, 173 puntos
  • 6 príncipes dragón de Caledor con grupo de mando completo y Estandarte de Ellyrion, 216 puntos

Singulares

  • Escolta celeste con arco gigante, 140 puntos
  • 10 leones blancos de Cracia con grupo de mando completo, 165 puntos

Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://www.leyendasenminiatura.com/2022/12/trasfondo-esto-empieza.html

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