2014-01-22T20:11:00+01:00
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A pesar de las mejores intenciones de los correligionarios, tan sólo 3 amigos nos encontramos en la mañana del 18 de enero para nuestra sesión de tablero habitual. Yo, Ringard, y JM. Tras aguardar un buen rato a que alguien más llegase, y tras cerciorarnos que no iba a ser así, Ringard propuso jugar una partida de Maria. Friedrich se puede jugar perfectamente con 3 personas, pero la tentación de jugar Maria se me hacía demasiado grande.
Un reparto al azar de los bandos le concedió Prusia a Ringard, Francia para mí, y Austria para JM. JM era novato, así que hubo que ponerle al tanto del reglamento y las diferencias con Friedrich.
Para ser su primera partida JM lo hizo mejor que yo en mi primer partida de este juego, que había hecho con el mismo bando. Tal vez este menos influenciado por Friedrich que yo, y tenga la mente más receptiva a las diferencias entre los dos juegos. No es menos cierto que los otros dos jugadores teníamos ya algo de experiencia. En las primeras partidas es habitual si eres Francia o Prusia lanzarte a ultranza a por Austria, quien no puede contener el chaparrón. Pero en ese caso a cual de los dos aliados le corresponda la victoria es algo azaroso y está a la elección del jugador austríaco y de la suerte de sus cartas.
Debilitado temporalmente por los subsidios bávaros y por un evento del primer turno, opté por una estrategia prudente el primer año, limitándome a tomar 4 objetivos occidentales en Austria. Prefería dejar que Austria viera a Prusia como la mayor amenaza y concentrase sus esfuerzos sobre Ringard, lo que JM hizo en parte. En el mapa occidental conquistaba Mainz, perdía Köln, y mantenía una férrea defensa.
En el segundo año aflojé un poco esa defensa para permitir que el general Austríaco en esa zona, Arenberg, tomase dos objetivos para gloria de la joven monarca. En cambio, le seguía mostrando los dientes al Ejército Pragmático y logre eliminar a Jorge II del tablero en dos batallas en diamantes y tréboles en Mannheim.
Todo esto lo hice algo aposta. Austria quedaba a 3-4 banderas de una victoria súbita. Con ello esperaba meter presión a Ringard para que en occidente no buscase coordinar sus generales con Arenberg, y en oriente se mostrase más agresivo. Otro efecto fue el de influir el la elección de emperador, que tuvo lugar al final de 1742. En Maria está permitido negociar. Mi estilo de negociación consiste más que nada en señalar lo obvio y dejar que cada jugador decida. En el momento de la elección imperial yo tenía 7 banderas en la reserva, Austria 3, y el desempate estaba en manos de Ringard. Yo me límite a decirle «¡a que no hay huevos para votar por Austria!». Y efectivamente la corona imperial fue para el candidato bávaro. Una pequeña victoria para mí en una partida que se encontraba en su ecuador y en la que todo estaba por decidir.
Desafortunadamente en ese punto tuvimos que dejar la partida. Había llegado la obligada pausa para el almuerzo, y a la vuelta del mismo la llegada de Will y Flojich (que no «Flojic», como lo he estado escribiendo hasta ahora) nos impulsaron a una partida de Friedrich.
Yo me quedé con Rusia y JM con Austria. Will ya había jugado con Prusia la última vez, así que se cogió Francia – su bando favorito … es broma – y Flojich tomaba el control de Prusia. Algo que él mismo ya había dicho que deseaba porque llevaba tiempo sin jugar con ese bando. Lo cierto es que, siendo Prusia sólo uno de los 4 bandos del juego, en nuestro grupo es perfectamente posible que te tires tres meses entre dos partidas en el papel de Federico.
Papel que Flojich ejecutó de manera indudablemente exitosa. Que por falta de tiempo únicamente jugásemos 15 turnos de 18 que iba a durar la partida no empaña en absoluto su logro. Todos cometimos algún fallo, de los que hablaré a continuación, pero en general me dí cuenta durante esta partida que el nivel medio de los jugadores de nuestro grupo ha mejorado hasta tal punto que se puede decir que, aunque no seamos genios, ya no hay jugadores malos.
Para mi despliegue ruso coloque 9 puntos con los generales 1 y 2 que marcharon hacía Kammin, y 7 con 3 y 4 que se quedaron en Prusia Oriental. En este último lugar ataqué desde el turno 3. El general prusiano de la zona tenía 2 puntos, y Flojich comenzó a retirarlo. En el turno 6 yo ya decidía que lo de Prusia Oriental estaba cantado y enviaba al general 3 con 6 tropas de refuerzo a Kammin. Esto debió animar a Flojich a hacer lo que no me esperaba, seguir invirtiendo cartas y cartas (tuvimos un intercambio algo intenso en picas) en mantener a ese general en Prusia Oriental. Cuando consiguió zafarse e instalarse en el sector de tréboles, el general 3 de Rusia dio media vuelta a mitad de camino y fue de vuelta a Prusia Oriental. Tanto la retirada temprana de ese general, como su retorno a mitad de camino fueron errores míos, aunque el mismo Flojich se planteó tras la partida si el coste de tener el general 8 en Prusia Oriental no fue otro error suyo.
Pero mi error de verdad lo cometí en Kammin en el turno 11. Suecia había abandonado la partida en el turno 9 – el general prusiano 8 se había ido también con ese evento -. Yo había atacado insistentemente al general prusiano 7 que estaba allí con 4 tropas, el prusiano nº3 había perseguido a Suecia, y al acercarse a diamantes le ataqué con mi general nº2 y lo destruí en Stettin tras un intercambio de cartas y quedándome en una posición sin suministro. Entonces, Flojich colocó al general 7 en Stargard, de manera que le cortaba la vía de suministro, aunque exponiéndose a un ataque ruso doble desde diamantes y tréboles.
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En ese momento el destino de Prusia pendía de un hilo. En el sector de tréboles del sureste de Silesia Flojich defendía el último objetivo que le quedaba por conquistar a Austria. Yo, por mi parte, estaba al menos a 3 turnos de conquistar todos mis objetivos. Pensé que Flojic no gastaría tréboles contra mí porque los necesitaba todos con la amenaza más inmediata al sur, y por eso ataqué al nº7 únicamente desde diamantes, mientras el nº1 se colocaba para robar 2 banderas. Flojich gastó cuantos tréboles fueron necesarios para ganar esa batalla, y luego otros más para soportar el ataque de JM en Silesia. Mi general 2 cayó por falta de suministro, y con ello se fueron mis mejores expectativas de victoria. A partir de ahí Flojich estuvo bailando y jugando conmigo con bastante comodidad.
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La partida de JM fue, en general, bastante sólida. Empujó de manera implacable y lograba tomar todos los objetivos de Sajonia relativamente pronto. Hacía el turno 10 tan sólo le quedaba un objetivo por conquistar en el extremo suroriental de Silesia al tiempo que lograba cercar a un general prusiano con 4 tropas.
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Fue entonces cuando tuvo lugar la batalla en Kammin que perdí. Este fue el turno decisivo. Flojic se recuperó de sus pérdidas a pesar de sufrir un recorte de subsidios, y enviaba una torre de 3 generales a Silesia a salvar la situación. JM se hizo un poco de lío y le hizo un pequeño favor a Flojich atacando esa torre y adelantándola 2 espacios hacía dónde necesitaba Flojich. 1 general prusiano caía luego en una escaramuza, pero los otros 2 lograron colarse y retomar 2 banderas de Austria, con lo que la amenaza de una derrota inmediata se diluía.
El error que permitió esta incursión salvadora es excusable porque en esta ocasión los movimientos de Flojich fueron magistrales. Otros dos errores menos justificables fueron que, por premura, los ataques sobre el último objetivo en Silesia se hicieran siempre en inferioridad. El general austríaco allí tan sólo tenía dos puntos. Más importante fue, creo, el utilizar al imperio más en apoyo de Austria hostigando a Prusia y comiéndose algún tren de suministro prusiano, en lugar de ir a por los objetivos del imperio. Esto era bastante factible dado el abandono temprano de Sajonia por los prusianos, y hubiera incrementado la presión sobre Flojich más allá de lo que la solitaria pieza amarilla y su tren de suministros eran capaces de hacer. Es posible que entonces no hubiera sido capaz de enviar la fuerza de 3 generales a rescatar Silesia.
De hecho, JM comenzó a tomar los objetivos del imperio a partir del turno 12. Pero entonces ya era algo tarde. No sólo Flojich tenía un margen de tiempo que empleó en enviar su expedición liberadora a Silesia, sino que además JM corría el riesgo de que yo o Will tomásemos el control del Imperio con el trabajo prácticamente hecho. Lo cierto es que para entonces yo estaba esperando a que se muriese la zarina porque consideraba que mis posibilidades de ganar mejoraban mucho sí yo controlaba el imperio al tiempo que Francia permanecía en el juego.
Con Francia Will lo hizo bastante bien, demostrando que ya no es ningún novato. Flojich le montó el triángulo con Hannover, pero Will demostró que sabía aplicar sus bazas y se dedicó a atacar con su superioridad numérica a los generales de Hannover para deshacer la defensa. Logró empujar a Hannover hacía el norte, e incluso atacar Magdeburgo con una torre de 2 generales. Will dijó «en la siguiente guerra, misil atómico sobre Magdeburgo». A pesar de que Hannover continuaba hostigándole y le obligo a desviar un general, lo cierto es que para el final del turno 15 Francia y el imperio estaban confluyendo sobre Magdeburgo, y Flocjich se veía confrontado con ambos a la vez.
Fue entonces cuando tuvimos que dejarlo. Aunque no sin antes leer la carta del destino correspondiente. Era la que definitivamente retiraba a Francia de la guerra. Aunque no acabamos la partida, a todos nos pareció que ese evento dejaba la partida bastante zanjada. Rusia había fallado, Austria también, y el Imperio y Francia tenían posibilidades únicamente si permanecían ambos sobre el tablero. Pero con Francia fuera, el Imperio se quedaba sólo en el sector de corazones de Sajonia occidental.
Durante la partida tanto yo como JM, como tal vez Will, nos sentimos alcance de lograr una victoria. Al mismo tiempo, Flojich sintió que tenía la situación controlada durante la mayor parte del tiempo. Para mí no cabe duda que buena parte del éxito de Prusia en esta partida se debió a la obcecación de los aliados en lograr cada uno esa victoria que parecían tener tan cerca, de manera que cada uno perdimos la perspectiva general de la partida. Paradójicamente, a Prusia le conviene que su situación llegue hasta la propia desesperación, más que obtener alguna victoria resonante, para mantener a cada uno de los aliados con la miel en los labios y autoengañados. A pesar de ser una partida inacabada, fue muy intensa y resulta muy interesante. Es una muestra del nivel que todos hemos alcanzando con el juego.
Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://ethelbertblog.blogspot.com/2014/01/sesion-mixta-club-friedrich-18-de-enero.html



