2014-06-04T21:32:00+02:00
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No comparto el entusiasmo que ha surgido en torno al éxito de Podemos. No tiene nada que ver con el propio partido, su programa, o sus caras más públicas. Lo que sucede es que lo que decía Arriola sobre lo diferentes que son las elecciones es cierto. Las elecciones que importan de verdad son las generales. El año que viene en otoño si no las adelantan. En éstas 1.200.000 votos pueden darte entre 10 y 20 escaños si están lo suficientemente bien concentrados. Pero para poder tener cierto efecto político duradero Podemos tendría que destacar de entre toda la maraña de «partidos pequeños» (incluidos nacionalistas) que se encuentran en ese tramo de escaños u otro inferior con, digamos, 40, 50 ó más escaños. Y para eso hacen falta muchos votos más.
Sería posible lograrlos si se tiene en cuenta el entusiasmo causado por el resultado de las europeas. Al margen de ideología y programa, a muchos nos gusta votar a partidos que consideramos como «ganadores», y es por ello que a menudo parece que existe una tendencia a que los votos fluyan hacia las «estrellas en ascenso».
Pero hasta entonces queda año y medio. Eso es mucho tiempo, y si alguien se cree que los que están al mando se van a quedar sentados , se equivoca. Ya ha empezado la campaña de descrédito de Podemos, centrándose en Pablo Iglesias como bolivariano, comunista, pedófilo, y no sé que más. El programa de Podemos es calificado como de utopía inaplicable y receta segura para el desastre nacional. Por último, se recurre a todo lo anterior para hacer entrever que un triunfo de Podemos llevaría a una «ingobernabilidad de España».
En fin, que para llamar a las huestes a la lucha en las urnas contra el «rojerío internacional» se recurre al recurso de siempre: el miedo.
Tras las elecciones del 25-M he curioseado un poco en la personalidad de Pablo Iglesias y en su discurso a través de un par de vídeos en Tutubo. Considero que su éxito entre los llamados «votantes de izquierda» se fundamenta en la forma del lenguaje que usa, que es directo y sin ambages. Eso es algo que el colectivo de votantes potenciales posiblemente echase en falta en otros partidos, en los que da la sensación de que los candidatos (especialmente Rubalcaba) van con excesivo cuidado, pidiendo perdón incluso por aquellas cosas por las cuales podrían protestar de manera más intensa. Independientemente de su éxito mediático, Pablo Iglesias está destinado a quemarse, como le sucede a todos los personajes públicos. El proceso se está intentando acelerar mediante los ataques personales. Yo creo que a base de intentarlo – y lo están intentando con mucha intensidad – los medios de comunicación establecidos lo pueden lograr a tiempo antes de las próximas elecciones generales.
Floyd Buñuel me comentó que la elección de candidatos de Podemos se hacía mediante un proceso completamente abierto, y lo más recomendable en este caso es que este novedoso partido use ese proceso en su amplia base de ciudadanos para recabar nuevos candidatos. Si es cierto – como yo también creo – que la gente que confía en Podemos está verdaderamente comprometida con la democracia, no deberían tener problemas para encontrar candidatos con un perfil igual de válido que el de Iglesias. Es la táctica de la hidra, sacar nuevas cabezas cuando las antiguas son cortadas.
El sistema abierto de elección de candidatos también se empleó para elaborar el polémico programa de Podemos. Su contenido no se parece casi en nada al de otros partidos con representación en el Congreso. ¿Utópico?. Tal vez. Veamos cual es el programa «estándar» desde hace decenios de los partidos mayoritarios de nuestro país: se promete el bienestar de la población en base a un sistema económico de crecimiento eterno e imparable logrado gracias a la explotación hasta el agotamiento de cualesquiera recursos naturales tengamos a nuestro alcance. ¡Joder!, ¡si esto no es utópico…!.
Lo que quiero decir es lo siguiente. No creo que ni Podemos ni nadie tenga razón al 100%, ni que su programa sea enteramente aplicable. Pero lo cierto es que hemos llegado hasta la lamentable situación que tenemos aplicando las recetas clásicas de toda la vida, y tal vez sea el momento de considerar otras opciones. No todas las propuestas de Podemos son ilógicas, radicales, ni utópicas. Las hay también bastante razonables, y por ahí se puede empezar.
Independientemente de todo esto, la «utopización» del programa de Podemos es un recurso al miedo para el consumo interno de personas que ya votan a los partidos establecidos, antes que para disuadir a los votantes de Podemos.
Finalmente. Está el asunto de la gobernabilidad. Me ha hecho mucha gracia el comentario de Felipe Gonzalez acerca de la «bolivarización de la política». Nadie más indicado que él para hacerlo, que tuvo conexiones con los mandamases venezolanos que llevaron a su país a la ruina e hicieron con ello posible el bolivarismo.
Podemos no es la causa de ninguna bolivarización o radicalización de la política. Es su consecuencia. De hecho, en los últimos años España entera se ha bolivarizado o, como me gusta más a decirlo a mí, se ha «latinoamericanizado».
Tenemos 6 millones de parados cosechados tras una orgía especulativa en unos años de crecimiento económico que se ha revelado como falto de fundamentos sólidos. La brecha entre pobres y ricos crece, lo mismo que el número de los primeros. Se han hecho recortes sociales e introducido 80 impuestos nuevos, la mayor parte indirectos, de los que más afectan a la gente sencilla y no pueden evitar. Y eso al tiempo que se aprobaba una exención fiscal a las fortunas más grandes. Se ha indultado a un banquero condenado en firme. Los inculpados en casos de corrupción van por la calle como Pedro por su casa. La falta de claridad en las respuestas del partido gobernante en torno al caso de corrupción estrella (Gürtel) resultan, cuanto menos, sospechosas. Por no decir clamorosas, como no lo es menos que hayan destruido pruebas del proceso de investigación judicial de dicho caso cuando ya estaba en marcha. Todo lo citado en este párrafo (y mucho más) son logros de los partidos que, según nos dicen, más contribuyen a la «gobernabilidad». ¿Hacer todo eso es la forma de hacer un país «gobernable»?. Lo siento, pero me ha llegado el momento de decir: tócate los huevos.
Seamos realistas. La ingobernabilidad, la latinoamericanización de nuestro país ha sido el resultado de lo que han hecho precisamente los partidos que lo han gobernado. Y lo que más me preocupa de lo oído tras estas elecciones es la total ausencia de autocrítica respecto al camino recorrido hasta aquí. Sencillamente, no les parece mal y piensan seguir haciendo lo mismo. Los resultados ya los conocemos.
En el PP se han proclamado vencedores tras perder 2 millones de votos y han hecho como que la cosa no va con ellos. En el PSOE se ha desatado una lucha interna por el derecho a reclamar un número cada vez más decreciente de votos que me recuerda a las fútiles conjuras internas del final del Imperio Bizantino. Tanto una reacción como la otra dan la espalda a lo sucedido el 25-M.
Razones tienen para ello. Podemos no controla ningún medio de comunicación. Ellos sí. Las noticias que puedan llegarnos acerca de este movimiento ciudadano son, pues, susceptibles de estar sesgadas. Y cuando digo sesgadas, quiero decir sesgadas con sutileza. No a lo bestia, como en Intereconomía, 13 TV, y afines. La campaña de descrédito está ya abierta y será incesante. No se puede desdeñar su alta posibilidad de éxito, tarde o temprano.
La baza más potente de PP y PSOE es, sin embargo, que pueden alterar la Ley Electoral como les dé la gana. Ya lo hicieron en 2011. De mutuo acuerdo entre los dos partidos (!) endurecieron las condiciones requeridas para la presentación de nuevos partidos a las Elecciones Generales. Paco Cascos era en su momento el principal objetivo de esta alteración en la Ley Electoral. Las pasó canutas para conseguir las firmas necesarias para presentarse, y otros partidos más pequeños no lo lograron. Este es un «último recurso» por si las cosas pintan mal. Pero está ahí en toda su variedad: desde alterar de nuevo la Ley Electoral hasta vincular a candidatos de Podemos con grupos terroristas para aplicarles la Ley de Partidos y que ni siquiera tengan opción de presentarse.
Y finalmente. Para asegurarse de que todo queda como antes, está el pacto entre PSOE y PP para «garantizar» la «gobernabilidad» del país. La verdad, después de treinta y pico años viendo lo que hacían cada uno por separado, es imaginármelos codo con codo y me echo a temblar. Lo único que garantizaría un pacto así es el continuismo que favorece al PP, mayor caída del PSOE, mayor radicalización de la política, y mayor inestabilidad política del país por la falta de reconocimiento de la realidad (cruda realidad) imperante.
¿Podemos?. Será si nos dejan. Y no parece que estén dispuestos a hacerlo. Hay mucho en juego: el estilo de vida de unos pocos a costa de los demás, creyéndose con derecho natural a ello. Este es el camino que hemos recorrido hasta ahora y que, a pesar de las trompetas triunfantes de una supuesta recuperación económica, nos tiene en una situación en la que cada vez más gente sufre. ¿Hasta cuándo es sostenible un sistema así?.
Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://ethelbertblog.blogspot.com/2014/06/podemos.html