2012-09-19T22:41:00+02:00
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Retribution es una reedición de Nemesis, y trata sobre el último año de guerra en Asia y el Pacífico. Cubre las operaciones que van desde el desembarco en Leyte hasta la rendición del Japón. Sigue un formato narrativo que yo llamo «fotogramas». Hay algo de narración ordenada y conducida, pero el grueso de los párrafos del libro lo ocupan experiencias personales de protagonistas obtenidas mediante libros, cartas, diarios, e incluso entrevistas. El punto fuerte del libro no es, por lo tanto, un estudio cuidadoso en el que se examinan nuevos ángulos de un conflicto con casi 70 años de antigüedad, eso ya lo han hecho otros. El tal Max Hastings se centra en ofrecer al lector una amplia variedad de aspectos sobre cada tema que centra el respectivo capítulo.
El resultado es, en general, bueno. El tal Hastings es inglés, y se nota en como barre para casa cuando habla de la guerra en Birmania y elogia al comandante británico local: Bill Slim. MacArthur es cacota, pero eso ya lo sabía yo de otros libros. Aparte de las grandes batallas (Leyte, Iwo Jima, Okinawa) hay capítulos que narran diversos aspectos conocidos de la guerra, como los ataques kamikazes, la crueldad nipona con prisioneros y civiles, el bloqueo submarino norteamericano… en los que sobre todo se resalta lo salvajes que eran los japoneses.
Lo que más me ha gustado han sido los capítulos sobre China. Ya he dicho que apenas sabía nada sobre su guerra con Japón. Al final lo que he leído ha justificado que en muchos juegos sobre la Guerra del Pacífico el teatro de operaciones chino ni se toque. Los chinos eran incapaces de hacer nada, salvo esperar a que los aliados terminasen con los japoneses para proseguir con la Guerra Civil que la invasión nipona había interrumpido. Aprecio sobre todo la agudeza del autor al indicar que, mediante su costosa y generosa ayuda, lo que los americanos pretendían con China era que cumpliese el mismo papel en la derrota de Japón que la Unión Soviética había cumplido en la derrota alemana: poner el ejército de tierra necesario para derrotar a las fuerzas principales del enemigo. Al no poder asumir China este papel, los Estados Unidos se volvieron hacía la Unión Soviética para que de nuevo hicieran «el trabajo sucio», y a cambio Stalin obtuvo concesiones en Europa Oriental (que ya tenía ocupada con sus fuerzas, de todas maneras). Puede que parezca una verdad de perogrullo, pero es la primera vez que lo veo en letra de imprenta.
Por cierto, también es genial el capítulo sobre la invasión soviética de Manchuria y Corea. Tampoco sabía gran cosa de eso.
El libro finaliza hablando de las bombas atómicas y la rendición de Japón. Puedo parecer frío, pero agradezco que Max Hastings no dedique una sola línea a los tremendos efectos de Little Boy y Fat Man. Dichos efectos me son de sobra conocidos. En cambio, Max Hastings abandona el formato «fotogramas» y en esta última parte lleva a cabo una narración ordenada cronológicamente de los tejemanejes diplomáticos y políticos que antecedieron y sucedieron a Hiroshima. Su veredicto: Los japoneses se habían ganado que les tiraran el petardo nuclear por sus tácticas desesperadas que manifestaban su indisposición a rendirse aún a costa del sufrimiento de gran parte de su propia población. También termina diciendo que los nipones son unos cabroncetes porque no han mostrado arrepentimiento por sus crímenes de guerra en la misma medida que los alemanes.
El último título que leí este verano trata acerca de la batalla más sangrienta de la Guerra Civil Norteamericana. Lo compré por recomendación de www.slate.com , la revista de información yanki que leo habitualmente. El libro trata dos temas que perfectamente podrían haberse separado en dos partes: la propia batalla de Antietam y las complicadas relaciones entre Lincoln y su principal general en ese momento, George Brinton McClellan.
La primera mitad del libro trata sobre todo de los aspectos políticos de dicha relación. Según parece, el tal McClellan no sólo se consideraba a sí mismo como un buen general, sino también como el salvador de la nación. Esa convicción le llevaba a extralimitarse en sus funciones y tontear con la política. De manera más específica, tonteaba con la oposición a Lincoln dentro de la Unión. Cavilaba sobre la posibilidad de derrocar a Lincoln y establecer una dictadura militar, y consideraba que la guerra tenía que finalizarse mediante un acuerdo con la Confederación que la reintegrase en la Unión a cambio de mantener la esclavitud.
Como general, McClellan era bastante paquete. Imaginaba que el enemigo tenía tropas que no existían en la realidad, y era reacio a moverse y tomar la iniciativa. En el mundillo de los wargames sería el típico jugador con AP (análisis-parálisis).
Esta primera parte del libro es algo rollo, pero hacía la mitad del mismo el autor comienza poco a poco a meterse más a fondo con la invasión de Maryland por parte del ejército confederado en el verano de 1862. Las operaciones se narran de manera interesante, y la tensión en la narración de las mismas va incrementándose poco a poco hasta llegar al momento de la batalla, cuya narración es más detallada y ocupa un 30-40% del libro. El encuentro es contado también de manera comprensible y nada densa.
Tras la batalla, que terminó en un empate aunque los confederados tuvieron que irse (a mí el resultado me recuerda a la batalla de Mar del Coral), Lincoln aprovechó la euforia por haber parado los pies a los confederados para hacer pública una Proclamación de Emancipación que tendría efecto desde el 1 de enero de 1863, aboliendo la esclavitud de manera definitiva y considerando como liberados a todos los esclavos, incluso aquellos que estaban bajo control confederado.
Es entonces cuando el libro retorna al ensayo sobre política, aunque ésta parte es más interesante que la que iniciaba la obra. Analiza varios vaivenes de política que culminaron cuando finalmente Lincoln le dió la patada a McClellan el 7 de noviembre de 1862 y lo relevó del mando.
De las ideas más interesante que aparecen en esta última parte del ensayo está la noción de que la abolición de la esclavitud fue una medida excepcional – al igual que otras que Lincoln tomó junto con la Proclamación, como la suspensión del habeas corpus y la confiscación de propiedad rebelde – que tan sólo fue posible gracias a la excepcional situación de la guerra. Irónicamente, como dice un miembro del gabinete de Lincoln, los estados sureños habrían podido mantener durante largos años la institución de la esclavitud si no se hubieran separado e ido a la guerra. En los «estados norteños» la abolición de la esclavitud no tenía demasiados apoyos. Esto sirve para dar una idea de los riesgos políticos que Lincoln asumió con la Proclamación.
Un libro interesante, bien construido, y que gustará a cualquiera que sienta curiosidad por el tema.
Y ahora, a seguir leyendo los libros que me prestó C_M si no quiero que me mate a patadas…
Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://ethelbertblog.blogspot.com/2012/09/lecturas-veraniegas.html


