2020-02-27T10:00:00+01:00
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Presentando al grupo 1
Presentando al grupo 2
Escenario 1 y emparejamientos
Relato R1 Krag vs Fluxus
Desenlace R1 Grupo 1
Deselance R1 Grupo 2
Escenario 2 y emparejamientos
Relevo
Relevo 2
Desenlace R2 Grupo 1
Desenlace R2 Grupo 2
Escenario 3 y emparejamientos
Relato R2 Krag vs Björn
Desenlace R3 Grupo 1
Desenlace R3 Grupo 2
Relevo 3
Escenario 4 y emparejamientos
Desenlace R4 Grupo 1
Desenlace R4 Grupo 2
Relato R4 Brogg vs Fluxus
Escenario 5 y emparejamientos
Desenlace R5 Grupo 1
Desenlace R5 Grupo 2
Escenario final y emparejamientos
En esta partida los dos grupos se mezclaban. En la batalla 1 jugaban los ganadores del escenario 5, y en la batalla 2, los derrotados.
Batalla 1 (victoria en ronda 5)
David(Bretonia)/Manu(Reyes Funerarios)/Robin(Altos Elfos)
VS
Federico (Reinos Ogros)/Luis(Elfos Silvanos)/Roberto(Enanos)
Batalla 2 (derrota en ronda 5)
Javi(Reinos Ogros)/Álvaro(Guerreros del Caos)/Alex(Imperio)
VS
Jorge(Orcos y Goblins)/Julio(Bestias del Caos)/Alejandro(Imperio)
En esa batalla los jugadores optaron por situar en un flanco Bretonia contra Silvanos, y en el otro Altos Elfos contra Reinos Ogros, quedando como apoyo central los Reyes Funerarios y los Enanos, por tanto los dos jugadores menos móviles en el centro. El bando bretofunélfico pareció elegir mejor, puesto que los elfos silvanos no fueron capaces de aguantar el ímpetu bretoniano, que cruzó la mesa en un suspiro, mientras que los enanos por su resistencia natural, o los ogros aprovechando el miedo podían haber ralentizado más. Además, los ogros, la parte más débil a disparo del ejército, tuvieron enfrente una lluvia de presión asur, quedando rápidamente muy diezmados, además de sufrir la magia (creo que el matarife además se mató de una disfunción). Rober y sus enanos no pudieron llegar lo bastante rápido a ninguno de los dos lados, y el bando contrario aprovechó esto para concentrar esfuerzos, logrando una masacre en un escenario que le favorecía. Como conclusión, al desplegar separados (por motivos narrativos vaya), parece que la interacción entre jugadores fue escasa, algo de lo que aprender.
La doncella Marion se encontraba arrodillada, tratando de encontrar la luz de la Dama en aquella oscura caverna, buscando su bendición para los caballeros que la acompañaban, pero su concentración se interrumpía continuamente. Aquella niebla no era normal, alteraba sus sentidos, e incluso una devota como ella no lograba serenarse. El paladín Jules la miraba impaciente, con cara de ira contenida, mientras todos sus caballeros se encontraban montados. Habían divisado al enemigo al frente, y habían montado sin pensar dos veces, ¡ni siquiera habían realizado su tradicional rezo previo a la batalla!
Sin decir palabra, el paladín dejó escapar un resoplido de desaprobación, hizo girar su caballo, y ordenó la carga, abandonando a la doncella a su suerte. Había elfos de los bosques que exterminar, aquellos seres que desde sus florestas hostigaban el reino ahora estaban desprotegidos, y no dejaría escapar su oportunidad.
La doncella lo contempló con ojos aterrados. ¿Qué estaba ocurriendo? En ese momento divisó a sus antiguos enemigos apareciendo por uno de los túneles, francamente cerca de la doncella y los pocos campesinos que no disponían de monturas. Se trataba de aquellos cadáveres animados, aquellos huesos limpios por el paso del tiempo, capaces de tenerse en pie y de la más absoluta inhumanidad. Pero la enseña funeraria avanzó sin siquiera prestarles atención. Nada tenía sentido.
Brogg tenía un hambre de mil demonios, y no era el único, uno de sus ogros acabó de devorar de un bocado a medio gnoblar, que no había tenido tiempo ni de chillar. Situado en el lateral de sus tropas, se había dado cuenta de que aquellos barbudos y bajitos seres se encontraban a su alcance, y pese a que algo en el fondo de su mente le recordaba que esos enanos vendían cara su vida, y no eran precisamente un manjar, se encontraba a punto de dar la orden de atacarles, cuando otro de sus ogros agarró un gnoblar más…y el resto echaron a correr hacia delante. Sus tropas no se contenían, y salieron detrás, cuando entre la niebla pudieron divisar una brillante tropa de elfos. ¡Oh sí! Elfos, tenían poca carne pero eran frágiles y blandos, como devorar ciervos, y si algo les cuesta a los ogros es detenerse cuando se habían lanzado hacia delante. El aprendiz de matarife Grutg se llevó una mano a su bolsa a media carrera, entonando unos sonidos guturales antes de morder con fuerza el intestino de algún desgraciado. Brogg comenzó a sentir como las Grandes Fauces potenciaban su fuerza…cuando la tripa del matarife explotó cubriendo de visceras a todos a su alrededor. Nadie se detuvo. Los elfos estaban a su alcance…
Tyr Borrsson protestaba enérgicamente, con su naranja cresta destacando entre el resto, mientras balanceaba su hacha.
-¿Por qué no atacamos ya a los ogros? ¡Por Grimnir! ¡Sois una vergüenza para el clan!
-Contén tu lengua si no quieres que te la corte, le debes respeto a nuestro líder – sentenció la profunda voz de Oleif Svensson, secundada por su tropa de barbaslargas-.
Björn sentía suficiente cólera como para desterrar a aquel enano por su comportamiento, pero algo más le empujaba a hacer exactamente lo que decía. ¿Qué más daba que la niebla impidiera que la maquinaria de guerra enana hiciera su función? Solo tenían que valerse de su destreza guerrera, no necesitaban más. Las tropas enanas seguían avanzando, pero de momento la capacidad de contención de Björn había permitido que mantuvieran la formación. Entonces se dió cuenta de hacia donde se movían los ogros…había altos elfos allí delante. Esos estirados tenían en su libro tantos agravios como los pielesverdes y las ratas juntos.
-Olvidad a los ogros, atacaremos a los elfos. Ya nos ocuparemos de esas bestias después.
Tyr no entendía porqué tenía que hacer distinciones entre enemigos, pero al menos tendría una nueva oportunidad de completar su destino. Con el hacha al hombro, se lanzó hacia delante.
Los elfos habían oído a los ogros antes de divisarlos, pero sus arcos estaban más que preparados para recibirlos. Ni siquiera habían esperado la orden de Anurian para lanzar las primeras descargas, con su primo directamente enardeciéndolos.
Pero esta vez Anurian no se había molestado por ello, sentía la imperiosa necesidad de acabar con cada vida a su alrededor, y se daba cuenta de que sus tropas estaban haciendo un verdadero esfuerzo para mantener el frente estable, con la salvedad de sus yelmos plateados, que ya empezaban a maniobrar.
El mago no se sentía cómodo en su posición, los ogros se acercaban por el frente, seguidos de unos tozudos enanos, a los cuales deseaba fervientemente liberar del peso de sus cabezas, pero por su flanco una temible formación de no muertos se acercaba inexorablemente. Quería pensar que ante la presencia de los dos enemigos frontales, los esqueletos se pondrían de su parte, pero dudaba que en aquella maldita isla nadie fuera a darle una tregua. Comenzó la larga letanía que desencadenaría un poderoso hechizo contra los esqueletos, liberando su flanco, cuando un proyectil mágico de amarillento brillo salió despedido de la que parecía su líder…y fue a impactar en uno de los vociferantes ogros. Parecía que esos antinaturales seres habían elegido bando, y podría concentrar sus esfuerzos.
Ordenó liberar a los leones contra los pequeños seres goblinoides que precedían a los ogros, y cruzando una mirada con su primo, comenzó a conjurar los Vientos de la Magia, pese a que la continua lluvia de rocas desprendidas no invitara a ello.
Kishena estaba sorprendida por el comportamiento de todos aquellos enemigos, actuando sin precaución, dejándose llevar por la batalla. Aquella niebla era extraña, pero ella no notaba ningún efecto. Por suerte, su amplia experiencia en tiempos pasados le había permitido vislumbrar las intenciones del elfo, y adelantarse a acciones que pudiera lamentar. No le preocupaba su pericia mágica ni su capacidad de diezmar enemigos a distancia, si se ponía de su lado en la batalla, y tras acabar con los enemigos frontales, se encontraba a rango de usar su khopesh para acabar también con los asur.
Dirigiendo sus tropas con maestría, ordenó a su caballería apoyar la carga de aquellos seres felinos, mientras su enseña avanzaba con la tropa a pie, sabedora de que aquellos desprendimientos que segaban vidas, no podían impedir que sus sirvientes se alzaran para seguir combatiendo.
Lëmbril se encontraba absolutamente fuera de lugar. El cantor de los árboles no sentía el poder la vida a distancia alguna, y no podía emplear sus dones para ayudar a su causa. Reducido a un arquero más de la hueste de Oropher, trataba de localizar a los hechiceros enemigos para anular cualquier perjuicio mágico para sus congéneres. Al comenzar la batalla había perdido de vista al noble elfo, que sin pensarlo dos veces se había sumergido en la pelea con los caballeros humanos, y temía lo peor para los hijos de Athel Loren.
Con el valiente apoyo y sacrificio de algunos guerreros del bosque, Lëmbril trataba de mantener una hueste de caballeros en dificultades, de forma que no pudiera maniobrar entre los montones de rocas, y que su cerrada formación les hiciera poco a poco perder hombres a causa de la tormenta mágica.
Durante los últimos minutos los enanos a su espalda parecían apoyarles, disparando a los caballeros con sus arcabuces, por lo que tenía confianza en sus posibilidades, aunque temía que aquellos entorpecidos pegasos podían meterle en problemas. Entonces fue cuando aquella gran roca voló sobre su cabeza, aplastando a elfos y humanos por igual. Lëmbril se giró para emplear su arco contra el ingeniero de la catapulta causante de la pérdida de sus hermanos, cuando una andanada de fuego lo derribó. Lëmbril solo tuvo unos últimos instantes para darse cuenta de que la dotación de aquellas máquinas enanas tenía mucha menos confianza en la destreza de los asrai, y mucho menos interés en conservar sus preciosas vidas.
sus ogros penetraban en la caverna, pudieron percibir con claridad el sonido de
la batalla. Y si hay algo que haga olvidar rápidamente a la partida de guerra una
derrota, es la promesa de un nuevo enfrentamiento y un nuevo botín. Accediendo
por una galería, Groth se sorprendió de la inmensidad de la contienda, y los
gritos de dolor indicaban que se extendía mucho más allá de la vista. Cerca de
él, un extraño conjunto de elfos y esqueletos con ricos ropajes estaban
exterminando a unos pocos ogros, mientras unos lentos enanos se incorporaban a
la pelea. ¿Había otra tribu en la isla? Groth no tuvo mucho tiempo para pensar,
ya que el gigante que les acompañaba se dirigió excitado hacia la pelea. Y por
supuesto, el resto de los ogros le siguió sin pensar. Groth no quería perderse
lo mejor, así que se preparó para arremeter contra lo primero que encontrara,
no hacía distinciones.
Alec lo había visto todo claramente, como los elfos se retiraban, como los bretonianos se rendían, y como aquel capitán de negra armadura había ejecutado a sangre fría a los humanos. La rabia nubló su visión, y supo que no era el único cuando el odio se retrató en la cara de Bungmark. Esa isla había sacado lo peor de todos, lucharían hermanos contra hermanos, y las tropas de Alec abrieron fuego contra Fluxus y sus hombres.
Fue entonces cuando se dió cuenta de porqué el resto de los orcos no le había seguido en su carga, puesto que un muro de escudos enanos repelía sin cesar a sus chicos, y a la vez a una lenta pero inacable marea de muertos vivientes. Krag se fijó en un enano en particular. Tenía cuenta que saldar, y ahora le daba la espalda. Lanzó su grito de batalla, y su ya reducida escolta de jinetes de jabalí le siguió. Si lograban atacar por la espalda a esos enanos, romperían su defensa, y podría seguir aumentando su colección de enemigos vencidos.
Pero Björn no era ningún barbilampiño. Desde el momento en que los primeros pielesverdes se arrojaron al combate, había procurado localizar a aquel que los lideraba, y al oír su bestial bramido, se había preparado para el contacto. Cuando los jabalíes había dado la señal. Los guerreros del clan empujaron el frente con su muro de escudos, ganando tiempo, mientras Oleif, Björn y los barbaslargas alzaban los escudos sobre sus cabezas, y disponían un nuevo muro en lo que antes era su espalda. Los enanos eran especialistas en la formación de tortuga, negando sus flancos y retaguardia, y fue tarde para Krag para frenar su carga. Derribaron algunos enanos, pero estos enemigos estaban mucho más preparados para ese tipo de situaciones que los ogros. Gruñendo por la oportunidad perdida, trató de abrirse paso hacia Björn, pero cuando por fin unos pocos pasos le separaban del señor del clan, este desparramó los intestinos del jabalí más cercano con su hacha rúnica, la soltó, y sacando su pistola, que había reservado para aquel momento, descerrajó un tiro que, a esa distancia, dejó irreconocible la cabeza del orco. Otro agravio saldado.
El hechicero entonces comenzó a convulsionarse y a mutar, consumiendo con ello la gran masa de la mayoría de almas ya liberadas en aquella batalla. Una poderosa cornamenta emergió de la frente del hechicero, que ya había dejado de ser humano.
Entre sonoras risotadas, sabedor de que debido al peculiar entorno, en que aquella niebla nublaba los sentidos de los presentes, que ni siquiera habían tratado de impedir su ritual, el antaño hechicero lanzó el hechizo que completaría su transformación, absorbiendo el resto de las almas disponibles. Un enorme Manto de Desesperación se extendió por la caverna, seguido de un masivo vórtice de energía oscura, que como si de una mágica gravedad se tratara, arrancó las vidas de la mayoría de los supervivientes.
Aquellos sin especial resistencia a la magia cayeron sin siquiera entender lo que ocurría, incluyendo con ello a la mayoría de los humanos. El duelo entre los capitanes Fluxus y Alec quedó así sin conclusión, mientras Bungmark, protegido por su fe en Sigmar, era de los pocos en pie en todo su sector, mientras veía como todos a su alrededor morían de forma espontánea. Su fe se quebró en aquel instante ante tamaño acto, y se lanzó sin pensarlo dos veces hacia el origen de esa maldad.
No fue el único. La mayoría de los combates se habían detenido, con la excepción de aquellos en que trolls, pieldelobo o demonios tomaban parte. Aparte de ellos, solo algunos elfos y enanos, con Björn a la cabeza se mantenían en pie, además del grueso de las fuerzas de Kishena, que no tenían una vida que hubiera podido ser absorbida. Todos ellos se dirigieron hacia el centro de la cueva.
Mientras tanto, el hechicero completaba su transformación. A su enorme cornamenta, y la estatura de un ogro de gran tamaño, ahora se unían unas alas membranosas y unas garras afiladas, completando su ascensión, convirtiéndose en príncipe demonio. Por primera vez, el hechicero se tomó la molestia de ver los restos de la batalla, que confluían hacia él. Como un dios que contempla meros juguetes, el hechicero comprobó sus poderes ahora magnificados.
Los dioses del Caos estaban de su lado, y un potente Fuego Azul de la Metamorfosis fue su elección para acabar con la vida del sacerdote de Sigmar, que absolutamente solo corría entre las pilas de muertos. Todos los vientos de la Magia obedecían su voluntad, y sin siquiera esforzarse, combinó Aqshy y Azyr, y un Rayo Múltiple seguido de una Deflagración Infernal acabó con el resto de las fuerzas vivas.
Solo las tropas de Kishena quedaban aún indemnes, pero para ellas reservaba un truco más. Utilizando sus recién adquiridas alas, el hechicero aterrizó directamente frente a ella.
-El mundo aún no lo sabe, pero su destino ya ha cambiado. Yo seré el Orden, y yo seré el Caos. La Vida, la Muerte, la Creación y la Destrucción. No habrá más guerras ni conflictos cuando sojuzgue a todas las razas. No habrá más poderosos ni plebeyos, pobres ni ricos, fuertes ni débiles, pues nadie podrá oponerse a mí. Ni siquiera los hombres rata en sus profundas madrigueras escaparán a mi alcance, y desde luego, mis viajes me han otorgado el conocimiento para lidiar hasta con fuerzas oscuras como la tuya.
Kishena no se amilanó ante la declaración. Para ella, era solo un invasor más, y avanzó con su khopesh preparado. Entonces el demonio alzó una de sus garras, y como si fuera un nigromante, los cadáveres de cada ejército se alzaban a su alrededor, mientras una sonrisa diabólica se dibujaba en aquel ser. Pero Kishena aún podía emplear a sus tropas para darle el tiempo de acabar con el demonio. Les ordenó formar un perímetro alrededor de los dos contendientes.
Pero no obedecieron. Kishena lo intentó de nuevo.
-No me has escuchado.
El demonio segó el aire con una de sus garras, y los propios guerreros funerarios se giraron para eliminar a Kishena. El demonio se dió la vuelta, mientras meditaba sobre por dónde comenzar su invasión de las tierras más allá de Mar.
Con esta narración (espero no se os haya hecho muy pesada, me ha costado horrores meter a todos los personajes) llegamos al final de la campaña. Originalmente, iba a ser una campaña enlazada a algo más abierto, tipo «mundial», pero hace tiempo que deseché la idea. En todo caso, nos quedará una entrada más…¡el balance y galería de fotos!
Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://www.leyendasenminiatura.com/2020/02/campana-los-muertos-no-cuentan.html























