2021-06-07T19:34:00+02:00
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«Yo estuve allí el día que los soldados automáticos de Napoleón IV sitiaron y ocuparon el palacio de Buenavista.
Cuentan que el anillo de hierro con el que Guillermo I sitió París apenas aguantó unas horas cuando frente a él comenzaron a formar líneas enteras de autómatas armados con pesadas armas de fuego. Las baterías de artillería prusianas eran tremendamente poderosas, pero los soldados de acero y latón franceses, movidos por una fuerza misteriosa y dotados de inteligencia, lograron alcanzar las líneas de Guillermo, momento en el que incluso los soldados más veteranos cayeron presa del pánico al ver a estos androides de dos metros, vestidos como la Vieja Guardia de Napoleón I, machacaban a sus compañeros.
Tras la rotura del cerco de París los soldados franceses, liderando estos autómatas expulsaron a los prusianos hasta el Rin, dónde el propio río hizo de frontera para estas máquinas. No pasó mucho tiempo hasta que el propio Napoleón IV echó la vista hacia la península y vió cómo la República se desangraba entre luchas de poder interno. En cuanto los cantonalistas izaron las banderas desafíando al gobierno, los franceses envíaron a sus tropas más a cruzar los pirineos.
Cuando desde el río Jarama comenzaron a sonar las descargas de artillería, los que estábamos en Madrid supimos que el frente de la columna francesa estaría en breve aquí. No sabíamos que estos androides eran soldados terribles por incansables. Las milicias llamaron a todos los hombres a defender la capital, pero al caer la noche la columna francesa, que no se había detenido en ningún momento alcanzó las primeras viviendas de la ciudad. Me gustaría decir que la población se portó como aquel dos de mayo de 1808, pero al despuntar el alba todo Madrid estaba bajo el dominio de Napoleon IV. Sólo el Palacio de Buenavista, dónde se fortificó el cuartel general del ejército logró aguantar unas horas las descargas de las pesadas armas de los soldados automáticos, lo que permitió a unos cuantos miles de ciudadanos que pudiéramos escapar de la ciudad, cruzar Despeñaperros y lamernos las heridas en Cádiz.»
– XVIII diario de Cristino Martos y Balbi
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Tras conseguir las miniaturas viene el momento de empezar a trabajar: modelarles el gorro de granadero napoleónico y añadir un par de plumas de matrices de imperiales de Warhammer Fantasy Battles, ponerles a la espalda un par de mochilas de pertrechos de la caja de soldados de Frostgrave y por último localizar dos cuchillos para poner en la punta de las ametralladoras para hacer dos brutales bayonetas. Se imprima en negro y a pintar…
Como podéis ver el esquema está basado en el uniforme de los granaderos de la Vieja Guardia napoleónica de principios del siglo XIX. Sin entrar en detalles, se trata de una combinación bastante llamativa y reconocible de blanco, azul y rojo, con las plumas del bonete de piel en rojo. Como detalle, cuando estaban a medio pintar las miniaturas mi suegro vino a casa y viendo las figuras de lejos, acertó con que estaba pintando unos franceses napoleónicos. Eso si, luego al verlos de cerca se sorprendió con la mezcla de robot-soldado que tenía entre manos.
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Esta publicación se ha conservado del desaparecido blog https://freaklandscenics.blogspot.com/2021/06/in-her-majestys-name-la-vieja-guardia.html







